De guante blanco para ir a la carnicería

Hoy se ha celebrado el debate a 3 entre los candidatos a la secretaría general del PSOE. Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez acudían a Ferraz para intercambiar posturas y desmontar las del contrario en un encuentro que habían anunciado de guante blanco. Finalmente, sólo se ha quedado en un anuncio ya que durante esas dos horas, el debate ha parecido una carnicería entre el rojo corporativo y los ataques entre candidatos.

Un cara a cara en formas y en contenidos que ha reflejado fielmente la polarización que vive el Partido Socialista y que no parece que se vaya a resolver después de las primarias. Los reproches fluían con ataques que decían que no querían salir y han salido. Sánchez atacaba a Díaz como traidora por defender la abstención para el gobierno de Rajoy y su giro hacia la derecha. Díaz atacaba a Sánchez como un candidato sin una línea clara —por lo menos, la tenía. Díaz presenta su programa mañana— y que ha perdido dos votaciones y el apoyo de antiguos dirigentes.

Por su parte, Patxi López se ha mantenido en una postura muy cómoda intentado amortiguar el choque de trenes que anuncia en su campaña. Sus intervenciones se han limitado mayormente a reflexionar sobre el proyecto socialista y las líneas que debe seguir. Sin embargo, su papel de casco azul no le ha evitado lanzar dardos: ha descolocado a Sánchez después de preguntarle qué es una nación o a Díaz le ha reprochado que no quería una secretaria general a media jornada, en referencia a sus quehaceres en Andalucía como Presidenta.

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Imagen: El País.

Esto es parte de lo que hemos escuchado porque ver, poco se nos ha permitido. La realización del debate dejaba mucho que desear. Encuadres cerrados con los que se nos ocultaba, por ejemplo, la gesticulación de las manos, y planos estáticos que no nos dejaban ver la reacción del oponente. Si bien es cierto que el espacio no permitía mucho más: una pared prácticamente blanca donde se situaban los atriles de forma contígua que poco favorecían al diálogo. Además, grandes y anchos para tapar los candidatos de cintura para abajo y con una solapa que no permitía ver los documentos que tenían sobre ellos.

Al finalizar el encuentro, los tres han afirmado que salían satisfechos y creen que sus opciones han salido reforzadas. El partido, todo lo contrario. Si ya intuíamos un gran enfrentamiento interno, este debate ha servido para darlo a conocer a la sociedad y dejar al partido en evidencia.  La solución al enigma, este domingo.

Lo racional pierde fuerza

Posverdad fue elegida la palabra del año 2016, básicamente, porque se empieza de hablar de ella después de tres acontecimientos:

  • Referéndum para decidir la salida del Reino Unido de la Unión Europea.
  • Referéndum para ratificar el acuerdo de paz alcanzado en Colombia entre el gobierno y la guerrilla de las FARC para poner fin a una guerra ya de 50 años.
  • Elecciones en Estados Unidos tras una intensa precampaña y campaña electoral de acusaciones y rumores de espionaje.

Frente a todo pronóstico —intencionado o no—, estas tres votaciones dieron un vuelco y la sociedad inglesa decidió salir de la UE, los colombianos no avalaron el acuerdo de paz y en EEUU ganó el polémico empresario y candidato republicano, Donald Trump. Victorias que se fraguaron gracias a argumentos falsos que apelaban sobre todo a los sentimientos. En definitiva, nada que no hayamos visto en la historia de la política, excepto por el neologismo posverdad acuñado..

El Diccionario Oxford define este término como la “circunstancia en la que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”. No hay explicación más clara y sencilla pero a la vez igual de complicado de entender cómo hemos llegado hasta este punto en el que se realice de forma tan descarada.

El ritmo en nuestra sociedad es frenético. Los canales son cuantiosos y a los medios tradicionales se añaden otros muchos, como las redes sociales. La actualidad no cesa y estas nuevas vías han hecho que ya no se necesite de los medios para acceder directamente a ella. Por lo que el gran público pierde el filtro que ejercen los profesionales de la información a la hora de verificar, contrastar y jerarquizar todos estos datos.

Es por ello que los receptores, ante tanto bombardeo de mensajes contradictorios de un lado y de otro, al final se queden con el que más empatizan y se aproxima a su ideal de sociedad, sea más o menos accesible. Todo sin las preocupaciones del emisor por que su mensaje no cuente toda la verdad o nada de ella; en un futuro cercano, ya llegará un nuevo mensaje que enterrará el predecesor. Y de esta forma, los argumentos falsos vencen a lo racional y al sentido común.

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De Rita e inocencia

La semana pasada, la senadora Rita Barberá fallecía de un infarto en un hotel en Madrid, dos días después de haber declarado ante el Tribunal Supremo por presunto delito de blanqueo de capitales. Los diferentes partidos y políticos lamentaban su muerte —cada uno a su manera— en las sedes, los pasillos del Congreso y las redes sociales.

Fue en este contexto, cuando algunos amigos y compañeros de Rita Barberá aprovechaban para criticar a los medios de comunicación por la presión que habían ejercido hacia su persona. Sin ir más lejos, el Ministro de Defensa, Rafael Catalá, mostró su indiganción por «la campaña» que se puso en marcha contrá la senadora e hizo un llamamiento a «la responsabilidad».

Este tipo de declaraciones solo tienen sentido cuando se pretende hacer uso político de la muerte de una compañera. Los medios han hecho su labor de informar sobre los casos de corrupción. De hecho, fue el PP quien decidió apartarla para que no creará más daños en la imagen del partido. Y eso, según sus círculos cercanos, le causó ansiedad y una profunda pena. Si a esto sumamos otros dos factores más visibles como su sobrepeso y el hecho de fumar, según el presidente de la Fundación Española del Corazón, tenía posibilidades mayores de subrir un infarto.

El debate parecía que llegaba a su fin hasta que el pasado sábado, en un reportaje que emitió Informe Semanal, titulado Presunción de Inocencia, se puso en entredicho la labor de los medios a la hora de respetar la presunción de inocencia, concretamente, en este caso. Las frases eran del tipo: La aparición en escena de intereses particulares, partidistas o la búsqueda de audiencia a cualquier precio, podrían estar enturbiando el afán por limpiar lo público, deslizándose hacia un formato circense que se nutre del escándalo.

Es evidente que buscaba establecer algún tipo de relación entre la muerte de la senadora y el seguimiento mediático de su caso, dejando de lado, obviamente, lo más relevante periodísticamente: el trabajo realizado en Valencia y su caso en los tribunales. Pero esto no es nuevo. Esta estrategia de relacionar dos ideas, en los últimos años, se está poniendo muy de moda en TVE.