La política mira al cielo

Cada cambio de gobierno de turno, cambia -desgraciadamente- el director general de EiTB.  Y dependiendo del color del partido que le ha asignado, llevará a cabo unos cambios u otros en el ente. Uno de los más comentados y más polémicos es el del mapa del tiempo.

 

De hecho, el pasado viernes se cambió, tras ser elegida Maite Iturbe directora general de EiTB. Este cambio no ha sido tan drástico como el de 2009. El nuevo mapa del tiempo básicamente resalta Euskal Herria con fronteras. La infografía recoge las provincias de Euskadi (Araba, Bizkaia, y Gipuzkoa); Navarra; e Iparralde (Lapurdi, Zuberoa y Baja Navarra). Sin embargo, estos territorios quedan diferenciados de los lindantes gracias a una tonalidad similar, aunque no idéntica; lo que permite la rápida identificación de Euskal Herria.

 

Decía que no ha sido tan drástico ya que en 2009 sufrió bastantes cambios. Hasta entonces, con el PNV en todas las legislaturas, el mapa reflejaba el territorio de Euskal Herria, sin delimitación de las fronteras, a un color todo que destacaba de los territorios limítrofes. Cuando llegó Patxi López en 2009, y a petición del Partido Popular, se modificó. Se dibujaron las fronteras de todas las provincias, se destacó la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) con otro color y se empezó a mostrar la previsión para zonas de La Rioja, Castilla y León y Cantabria.

Parece que con este último cambio, la nueva dirección de EiTB no ha querido posicionarse en ninguno de los dos extremos. Resalta el territorio histórico de Euskal Herria, pero dibujando las fronteras de las provincias españolas y francesas.

Pocas alternativas de ocio

La edad de inicio en el consumo de alcohol y de otras drogas cada vez es más pequeña. Concretamente, se sitúa en 13 años en el alcohol y en 13,5 en el tabaco. Las personas adultas se quejan de que los “jóvenes” de hoy en día no saben pasárselo bien sin beber alcohol o que cada vez espabilan antes.

 

Creo que sí que es verdad que los niños quieren crecer más rápido. Para los 9 años la mayoría ya tienen móvil; para los 12 ya se han liado (o por lo menos, ellos lo llaman así) con varias personas de su edad; para los 13 años ya han pillado su primera borrachera y para los 14 años ya han perdido la virginidad. Es este el ambiente que prima, en mi opinión, poco apropiado para su edad. Con una personalidad débil y fácilmente influenciable, y unas hormonas alteradas (vamos, que están más salidos que el pico de una plancha), pueden llegarse a meter en el mundo de la droga o del sexo sin saber las consecuencias ni sin tomar precauciones. 

 

Normalmente, vemos que el problema son ellos y no les escuchamos. Quizá deberíamos dejar de castigarles por volver borrachos o haber llegado a casa tarde y darles otras alternativas de ocio. Los adolescentes no son muy “imaginativos” cuando van a decidir planes y siempre quedan en lo mismo: ir al cine, ir al centro comercial, a la casa de un amigo o a la calle.

 

Aún así, por mucho que les demos nuevas alternativas no dejarán de beber. La sensación de reberdía y de curiosidad que lleva a muchos jóvenes a beber, es propia de la edad. No se trata de erradicarlo, sino de que no beban los fines de semana porque no tienen otra cosa mejor que hacer. 

 

En invierno cada vez son más las discotecas que abren una sesión sin alcohol para adolescentes de 7 de la tarde a 11 de la noche. Bueno eso de sin alcohol… dentro del local porque no le permite la ley, porque fuera se montan macrobotellones a las siete de la tarde. 

 

El mayor problema no lo veo en que estos adolescentes beban, sino en que lo hagan sin control. “¿Por qué bebes?,” le pregunte el otro día a una de mis chavalas de 13 años. “Porque me lo paso mejor si me emborracho”, me contestó. Aquí está el kit de la cuestión: “Salgo para emborracharme y en consecuencia me lo paso bien” y no “Salgo para pasármelo bien y en ese ambiente de socialización cojo el puntillo y paro. 

 

Cuando se traspasan los límites informativos: Madrid Arena

Nadie se esperaba que la noche de Halloween, madrugada del día de Todos los Santos, acabase en tragedia. Cuatro jóvenes muertas y una herida por aplastamiento tras una avalancha humana en una macrofiesta en el Madrid Arena. Tres de ellas murieron en el acto mientras que la cuarta de ellas, de 17 años y menor de edad, moría en el hospital horas más tarde. La jóven restante, herida, permanece en el hospital ingresada con un pronóstico “estable” dentro de la gravedad.

Para evitar más tragedias como esta, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, afirmó rotundamente hace unos días en rueda de prensa que no se volverían a celebrar macrofiestas en recintos municipales.

                                

A largo de estos días, todos los medios sacaban en portada lo ocurrido en el Madrid Arena. Algunos sacaban  imágenes de los jóvenes que acudieron a la fiesta; otros vídeos grabados en el interior; y otros declaraciones de testigos, de sanitarios del SAMUR, de la Policía Local. Sin embargo, hubo algo que me llamó especialmente la atención y para mal: el morbo que se hizo con toda la información sacada de las redes sociales de las fallecidas.

Para empezar, los periodistas, en su labor de recaudar información, no dudaron en meterse en lugares personales como son las redes sociales. Que si la foto de perfil que tenían puesta, que si el último tweet que escriberon, que si la última foto que publicó el novio de una de las fallecidas, que si el comentario que hicieron en Facebook. Todo puro sensacionalismo, puro morbo.  Pasaban los días y la bola se iba haciendo más grande: los amigos de las jóvenes contaban cómo eran, qué hacían, las notas que sacaban en sus estudios… El País llegó a dedicar un artículo de más de 200 palabras a cada una explicando su vida personal. Se llegó a un momento en el que no se diferenciaba la línea entre el morbo y la pura información.

Concierto de Steve Aoki en el Madrid Arena

No sé quienes serían los editores, pero como para haberles dado unas lecciones de ética periodística. En un asunto como este que conmociona a toda la sociedad, hay que tener especial cuidado con lo que se publica. A mi parecer, lo importante en todo esto son las causas de esa avalancha, qué la produjo y quién es el responsable. En definitva, la investigación de lo sucedido. Esto no significa que no se deba hablar de las victimas o informar, por ejemplo, de su entierro. Pero informar, limitarse a informar.

Esta claro que toda esa información intrascendente es lo que más vende -porque si no, no se publicaría- pero tengamos un poco de sensibilidad. Antes que periodistas, somos personas.