Llegó el momento de cortar las barbas

Cuando en los equipos ENG, el técnico de sonido cortó sus barbas, el cámara ponía las suyas a remojar. Y llegó el momento de recortar… Ayer se realizaron los primeros directos en una televisión estatal en los que el periodista se encontraba solo hablando a la cámara de un móvil que sujeta con un palo selfie.

Fue en la cobertura especial de La Sexta durante la jornada electoral de Estados Unidos que tuvo una duración de 14 horas. Desde las 00:30 que comenzó Al Rojo Vivo hasta las 14:15 que terminó. Como inciso, el tiempo que Ferreras pasa en ese plató daría para hacer un programa completo de Iker Jiménez.

Una situación que era cuestión de tiempo —y avance de la tecnología— que llegara conociendo la grave situación económica por la que pasan algunos medios de comunicación. Las asociaciones de periodistas llevan años denunciando el periodista «hombre orquesta» que escribe, graba, edita o se encarga del etalonaje. Vamos un «Juan Palomo; yo me lo guiso, yo me lo como» en toda regla.

Ya hace unos años que se prescindió de la figura del sonidista porque eran labores que podía realizar el operador de cámara (o eso decían los encargados de recursos humanos). Ahora parece que el periodista se puede encargar del contenido de la noticia y de su realización con la cámara.

El resultado se vio en directo. Una chapuza. Poca estabilidad de los planos con enfoques automáticos de la cámara del móvil y encuadres mal cogidos. Y es que solo le falta al periodista, que está pendiente de lo que dice, comprobar que tiene mucho aire por arriba o no está en el medio de la composición.

La cadena argumenta que, viendo la duración del especial, hubiera sido imposible realizarlo de «manera convencional» por los altos costes que supondría (enlaces con satélites a horas con mucha demanda, alquiler de unidades móviles, pagar a técnicos del lugar, etc.) y que de esta forma llegaban a lugares más inaccesibles al tratarse de un móvil. Una prueba piloto que los directivos calificaban como satisfactoria. Digo yo que satisfactoria en el sentido cuantitativo pero no cualitativo. Y, precisamente, en el periodismo no vamos sobrados de calidad.

Ana Pastor en Nueva York.
Ana Pastor fue una de las cobayas en esta experiencia piloto de La Sexta. | Imagen: El Confidencial Digital

Los que actúan como periodistas

El periodismo, como cualquier otro servicio a la ciudadanía, hay que pagarlo. Porque cuesta ejercerlo. Pagar a redactores, instalaciones, impuestos… Aunque haya parte de la sociedad, tal vez agudizada por la hasta ahora gratituidad de los contenidos en internet, todavía crea que las noticias maduran en los árboles. El caso es que ustedes, vosotros, como consumidores de información deben exigir un mínimo de calidad. Y que ese mínimo sea un periodista quien lo haga.

Hace escasa una semana, conocíamos que una actriz iba a presentar la edición del fin de semana de los informativos de la televisión autonómica de Castilla-La Mancha. Como si la empresa no tuviera personal propio capaz de hacer esa labor y había que mirar hacia fuera. De hecho, esta «no profesional de la información» estaba hasta ese momento presentando en los noticiarios de Teletoledo. Por su parte, como es normal, los trabajadores y sindicatos han mostrado su malestar tras esta contratación y el tema ha llegado hasta las Cortes regionales. Un presentador no es únicamente la cara de un informativo. En la producción, también puede redactar entradillas o, en la misma emisión, tener que improvisar por un acontecimiento de última hora. Y aquí es donde se nota la falta de rigor y profesionalidad.

Raquel Martín no cuenta con ninguna titulación en ciencias de la información.

Días después, veíamos el vídeo en el que otro actor, Sean Penn, preguntaba sobre diversos temas a Joaquín «El Chapo» Guzmán, uno de los narcotraficantes más buscados del mundo y que fue recapturado. El vídeo ha sido publicado en la revista Rollons Stone. El actor no estaba capacitado para hacerle una entrevista pero sí unas preguntas, como cualquier otro ciudadano. Y eso fue simplemente lo que hizo. Que se lo digan a Bertin Osborne en su programa de coloquios.

Son dos situaciones en los que parece que cualquier ciudadano puede ejercer de periodista. Si ya de por si la profesion sufre un descrédito importante, como para poner a una actores a intentar hacer periodismo cuando lo suyo es interpretar, actuar y no serle fiel a la realidad.