La TDT, esa mierda que nos vendieron como elixir de la vida

Se anunciaba por todas partes el apagón analógico. Llegaba definitivamente la TDT. “Va a ser la hostia tío, vamos a ver más canales además de los seis de siempre”, se comentaba en la calle. “Van a echar más películas y más series, y lo mejor, partidos de fútbol gratis” era la frase más repetida en los bares.

El otro día por la tarde me puse a ver la tele. Como en los canales de siempre estaban echando el programa para pobres, la telenovela y que Rosa Benito se había pasado cien pueblos con la Esteban, di una vuelta por los canales de la TDT.

Primero, pasé rápido los 76545647 canales de teletienda, que si uno anunciaba cuchillos afiladores, otro un robot-aspiradora, otro una plantilla de zapato… También pasé ágilmente el canal de (des)información de la tele pública, el de deporte en el que está todo el día jugando Rafa Nadal y los canales infantiles que sirven para entretener a los niños cuando se ponen plastas. Llegué al canal del toro y el canal de la Iglesia, que me dan mucha pereza. Pasé también ese canal que echan todo el rato La que se avecina, y otro en el que parecía que iba de música y aparecía una choni hablando de su última borrachera en Gandía. Por último, me encontré un programa estadounidense de empeños y otro de construir edificios gigantes. Acabé por desesperarme.

Prometían pluralismo, más contenidos propios, mayor calidad de imagen, más producción audiovisual (y por tanto, más trabajo para los profesionales del sector), más inversión publicitaria, acabar con los canales piratas y las interferencias catódicas, producción regional, innovación el televisión… bla, bla, bla.

Tras estos tres años desde el apagón analógico, lo que tenemos es MIERDA, MIERDA y más MIERDA. De haber, no hay ni mierda de producción regional. Tenemos un espectro de canales temáticos (sólo echan un tipo de espacios), de redifusiones de programas y franquicias de grandes medios. Un reparto no pluralista (dos grandes grupos privados -Mediaset y Atresmedia- y la corporación pública). Muchos rellenan su franja diaria con tarot, teletienda, casinos o call shows. Es decir, una inversión mínima en nuevos contenidos y cero de innovación. Y para el mercado publicitario tampoco es lo idóneo, ya que están metidos en la suborndinación de la pauta única (los canales de un mismo grupo emiten la misma publicidad, a la vez). La mayoría de los canales son cajones de refritos.

Y por si todo esto fuera poco, El Tribunal Supremo declara inválida la concesión del reparto de licencias de canales de TDT de la etapa de Zapatero. ¿En qué se traduce? En tener que sintonizar de nuevo todo, instalar un aparato en la antena -otra vez- y el cierre de varios canales (dos del grupo Unidad Editorial, dos de Mediaset, dos del Grupo Vocento y tres de Atresmedia). Ah,  y los 7,5 millones de euros que destinará el Gobierno en anunciar esta resintonización.

Mirad qué salados los trabajadores de todas las teles de este país anunciando la llegada de la TDT.

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