Sobre la democracia y «su degeneración»

La reflexión de Pedro Sánchez durante cinco días y su posterior decisión de continuar al frente del Gobierno central ha servido únicamente para trasladar al debate público las condiciones en las que se mueve a diario parte de la política española. Esta ya era una realidad, pero hasta ahora no había golpeado a la cabeza más visible del Ejecutivo. Ada Colau, Mónica Oltra, Pablo Iglesias o Irene Montero han sido solo otros de los afectados del llamado lowfare, es decir, de la instrumentalización de la Justicia para conseguir fines políticos, y de la desinformación.

La apertura de diligencias a la mujer del presidente Sánchez, Begoña López, tras una denuncia del pseudosindicato Manos Limpias, basada en informaciones de páginas webs falsas y por las que sus autores tuvieron que rectificar, parece que supondrá un impulso para una “regeneración democrática” en este caso con la mirada puesta en la Justicia y en los medios de comunicación. Siempre queda la duda de hasta dónde se llegará. Más cuando ese anuncio desde la escalinata de La Moncloa no admitía preguntas de la prensa o las únicas entrevistas concedidas tras esta reflexión ha sido en la televisión pública o en medios afines. Un punto de partida cuestionable.

En todo caso, es incontestable que el modelo con el que Donald Trump llegó al poder ―y podrá volver a llegar este año― está instalado en España. La periodista Silvia Intxaurrondo lo explica en poco más de minuto y medio.

Cómo hacer frente a estas situaciones es lo que se va a debatir en los próximos meses. Será complicado legislar para que la libertad de difamación no se confunda con la libertad de información, fronteras que hasta ahora siempre se han dejado en las manos de los códigos deontológicos y la buena praxis periodística.

Tampoco ayudará a buscar soluciones la vertiente transnacional que tiene este problema. Francia ya lo intentó hace seis años, aunque sus esfuerzos no han dado frutos. La Unión Europea ya tiene su Ley de Servicios Digitales (DSA). España podría continuar este camino iniciado.

Cuando un jingle va más allá: la relación de Repsol y los espacios del tiempo

Sin grandes esfuerzos, todo el mundo es capaz de recordar el jingle de un anuncio publicitario. Es la forma de medir el éxito de esta composición musical breve, sencilla, cercana y pegadiza. Algunos logran su efecto antes que otros y unos pocos consiguen que esa melodía vaya mucho más allá.

Repsol fue uno de estos casos. Es más, lo que en un inicio fue su logo sonoro, ahora es una de las sintonías más reconocibles de la televisión. La multinacional energética y petroquímica lo usaba en sus anuncios de los años 80 y 90. Más allá del contenido publicitario, hoy en día impensable, en este anuncio se pueden escuchar las siete notas que lo componen, claramente a partir del segundo 14 y, más adelante, en sucesivas repeticiones.

Las siete notas se escuchan claramente a partir del segundo 14 y al final del spot.

Como una de las compañías más importantes de España, Repsol patrocinaba uno de los espacios más seguidos en la televisión de aquellos años: el tiempo. El espacio para la previsión meteorológica de TVE siempre iba acompañado de uno de sus anuncios hasta la desaparición de la publicidad en 2009. También ocurría lo mismo en otras televisiones, como la pública catalana, TV3.

Tras tantos años de fidelidad, la relación fue tan estrecha que TVE pidió a la empresa quedarse con los derechos del jingle cuando entró en vigor la nueva ley para la supresión de la publicidad. Lo consiguió finalmente, después de un estudio de mercado por parte de la petroquímica: ¿la sociedad asociaba esta música al espacio del tiempo o a su marca? El resultado fue contundente. Esas notas sonaban a borrascas, anticiclones y mapas. Así que Repsol acabó vendiendo sus derechos a la televisión.

Actualmente, el espacio del tiempo de TVE sigue empleando esta sintonía, ya tan mítica, como la de Informe Semanal. En el caso de TV3, se siguió empleando hasta el estreno de la nueva línea gráfica y sonora de sus informativos en 2014.

Pedro Piqueras, honestidad a pesar de todo

No ha sido fácil remar a contracorriente en una cadena donde la apuesta estaba en el entretenimiento, en parte, de bajo coste. La información deportiva pasaba desapercibida y los especiales informativos en las noches electorales ni siquiera tenían un hueco en la programación. Influidos por la imagen de la cadena, de Informativos Telecinco se podrán haber dicho muchas cosas. Algunas, injustas.

Sin embargo, es indiscutible la honestidad constatada por quien tenía la responsabilidad de dirigirlos. Pedro Piqueras ha demostrado durante casi 20 años que se puede hacer periodismo en televisión de una manera rigurosa, íntegra y honrada. Y esto no es fácil en un noticiario que perdió el liderazgo con la marcha de Pasapalabra y donde la editorialización ha llegado a estos espacios.

Piqueras podría haber intentado rascar unas décimas de cuota de pantalla trabajando la autoría de sus informativos y realzando su figura. Pero no ha sido así. En casi dos décadas, apenas ha escrito libros, protagonizado anuncios o concedido entrevistas, como sí han hecho otros comunicadores.

El hasta ahora director de Informativos Telecinco está jubilado. Sus últimos minutos en los estudios, los pasó arropado de todos sus compañeros de todas las ediciones. Ese cariño que recibió nada más terminar su último informativo y despedirse de la audiencia refleja la parte más humana de Piqueras. Así lo demostró él también en el ágape posterior.

Y por si todo esto no fuera suficiente para salir por la puerta grande, ha conseguido que le tome el relevo quien quería que fuera su sucesor: Carlos Franganillo, otro de los grandes profesionales de la información de este país.

Pedro Piqueras se retira con el fondo que le ha acompañado todos estos años: el hule de edificios de Singapur, parte del emblemático decorado que en unos días será historia.